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La Alimentacion y el Ejercicio


 

El aumento del tiempo de ocio y el  sedentarismo de la vida moderna han contribuido a la toma de conciencia de la necesidad del ejercicio, pero es necesario que este ejercicio sea beneficioso y que su calidad y cantidad no perjudiquen la búsqueda de una mejor calidad de vida. La actividad física espontanea es a menudo inadaptada, bien sea por una práctica insuficiente y una alimentación inadecuada o por querer  obtener resultados sin el tiempo de preparación necesario.

 

Para obtener una mejor calidad de vida es necesario encontrar una justa medida en la alimentación y en la actividad física, la asociación de una alimentación sana con un entrenamiento regular es un hecho comprobado.

 

Nuestra alimentación se compone esencialmente de proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas, minerales y agua. Las proteínas favorecen el crecimiento y la restitución de los tejidos musculares dañados, las grasas constituyen reservas de energía y los hidratos de carbono permiten una rápida liberación de estas. Las vitaminas, los minerales y el agua son indispensables para el buen funcionamiento del organismo.

 

Los hidratos de carbono son esenciales para una alimentación de calidad, se presentan en dos categorías. Los hidratos de carbono simples: glucosas, sacarosas (azúcar corriente), fructosas (azúcar de origen vegetal), y lactosas (azúcar contenido en la leche), se asimilan rápidamente y provocan una liberación de energía.

Los hidratos de carbono lentos: estos se encuentran en el pan, el arroz, la pasta, las legumbres, son más lentos de digerir y con ellos se consigue un aporte lento pero constante de energía, las vitaminas y los minerales actúan como catalizadores esenciales en la asimilación y utilización de los hidratos de carbono.

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