Las distensiones aparecen cuando una articulación o un tendón reciben una tensión superior a su capacidad. Resulta poco práctico recomendar que la solución consiste en evita cargar las articulaciones, porque esforzarse es la única manera de progresar. Sin embargo eso no significa que las distensiones deban formar parte habitual del entrenamiento.
Las distensiones y los desgarros las puedes evitar realizando los movimientos con lentitud y concentración, es muy probable que te lesiones si tiras del peso, pero las posibilidades son muy pocas si entrenas con suavidad y control. Sí necesitas tirar del peso para completar la repetición, seguramente estas seleccionando un peso excesivo. Es importante realizar estiramientos y una serie de calentamiento para que el músculo se adapte al ejercicio y reducir las posibilidades de causar un daño muscular o de tendón.
A pesar de todos los esfuerzos, las distensiones musculares son a veces inevitables. Es frecuente que no sientas las molestias hasta el día siguiente, se puede esperar que se produzcan tras un entrenamiento en condiciones, pero sí persisten durante varios días, algo no va bien. Revisa tu labor de entrenamiento para descubrir la causa de las molestias y evitarlas en futuras ocasiones.
Cuando estés recuperándote, no inicies de lleno con la rutina completa, necesitas poner a prueba los músculos y avanzar progresivamente, a menudo no notarás las molestias musculares hasta muchas horas después del entrenamiento cuando el daño ya está hecho. En el momento en que sientas la reaparición del dolor, abandona el ejercicio, de lo contrario puedes agravar la lesión y tendrías que dejar de entrenarte durante un tiempo mayor.
Durante el proceso de recuperación lo ideal es realizar los ejercicios que puedas para mantener el cuerpo y la mente ocupados, evitando forzar el músculo lesionado antes de que se haya recuperado.